De buena familia

En la misa del 24, previa a la Navidad, me senté en la tercera fila, detrás de una familia con tres hijos y delante de ellos estaba un solo niño, con polo de una tonalidad de azul.

Durante la presentación de las ofrendas voltea hacia atrás, le dice algo a la señora y luego va con ellos; los otros niños lo reciben emocionados y el pequeño se desprende de los brazos de la mamá para ir con él.

Creo que antes hubo una discusión entre el hijo mayor (que debe tener doce años) y su papá y, a diferencia del «Hijo pródigo», fue recibido por sus hermanos con mucho cariño y alegría.

Él pasa delante de su padre sin mirarlo y sus hermanos (la niña de unos siete y el otro de tal vez cinco) lo abrazan celebrando su regreso y le ceden el lugar del centro; el último (quizá de dos años) pide a la mamá que lo suelte y camina por el asiento de la banca, el mayor se agacha para recibir su beso y luego abraza a su hermanita.

Estando yo embobado por tanta demostración de amor, respeto y felicidad, el señor voltea hacia mí con el brazo extendido y su esposa, de lejos y sonriente, me dice también esa frase de deseo que la recibo siempre con esperanza: «Que la paz esté con usted».

Al momento de la comunión la niña apura a sus papás y la familia de seis hace la fila para recibir el Sacramento. Primero comulga el niño de azul y luego sus padres; los otros tres infantes los acompañan porque quieren participar de este acto litúrgico y lo hacen ordenados y en silencio; ninguno vuelve por el lado de la fila, sino caminan por el pasillo extremo hacia sus lugares.

Durante el recogimiento el papá aprovecha en hablar con su hijo mayor, quien ya a su lado lo escucha y responde muy sereno; no ceden posiciones, pero en todo momento se hablan con respeto.

Lo que cuento no tiene que ver con la religión ni con la fe, sino con la condición de ser humano; y no hablo de «ser» como esencia o naturaleza, sino como significado de atributo, de condición, de decisión.

Aquella familia tuvo consideración con los demás al participar de la misa sin barullo siendo los hijos pequeños; y eso se logra con la educación y la formación en valores en el núcleo familiar, no son deberes de los profesores de colegio ni de la comunidad, estos las complementan.

El respeto a las personas, a sus ideologías o a sus identidades no debe ser impuesto por los gobiernos, ni las leyes o la sociedad; esa es responsabilidad de los padres con sus hijos y tienen que asumirla porque es su obligación; y si en la familia no hubieran papás, los tutores, los abuelos, los tíos o los hermanos deberían hacerlo.

He leído a muchos en las redes sociales preguntarse, ufanándose de su socarronería y tratando de crear polémica, qué significa ser «de buena familia» y hoy intento responderles que es la que describí, y no porque son un poco más «blanquitos» que el promedio o se desenvuelven en círculos sociales altos o que tienen algo más de dinero para inscribir a sus hijos en colegios un poco más caros. La buena familia es la que prodiga valores humanos positivos; por ejemplo, la que vive en sociedad, respetando a todos por igual sabiendo que tenemos los mismos derechos y obligaciones siendo diferentes.

Enlaces citados:

https://www.enlacejudio.com/2018/06/20/y-tu-eres-de-buena-familia/

https://definicion.de/valores-humanos/

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