Marcas registradas

(La siguiente historia está basada en la realidad, pero ha sido modificada y el texto del personaje nunca existió; lo que busco es ayudar a concienciar, a los que la leamos, para que tengamos más cuidado con nuestras relaciones interpersonales, sobre todo con los niños).

Viña del mar, Chile, enero 13 de 2018. No recuerdo si me dolió, solo sé que quería que acabe. Me estaban marcando la piel como habían esculpido, antes, mi corazón de piedra.

Las marcas quedan registradas en el cuerpo o en el alma, pueden ser positivas o negativas o pasajeras o permanentes, las adquirimos desde que somos concebidos y dejamos marcados, a más de uno, hasta después de muertos.

Un tatuaje es una marca visible pero ya no por siempre y decidimos tenerla con conciencia, como lo hice yo; me evoca a noches de champaña, paseos por las calles, tiendas y cafés de Providencia o recorridos por el Apumanque.

181027- MARCAS REGISTRADAS 06.jpg

«Pero no sabías que te iba a recordar que un día empezabas a ser papá; no pensaste que te iba a remontar a todos los momentos felices que viviste conmigo, con el niño de quien te enamoraste, a quien quisiste como, creo, se ama a un hijo».

La cicatriz en el rostro es una marca dolorosa; el surco en el dedo dejado por un anillo usado durante mucho tiempo puede ser una marca dulce o amarga; el lápiz labial impregnado por un beso es una marca tierna; un grito, un insulto, cualquier agresión, son marcas imborrables; una mirada y una sonrisa pueden ser marcas de amor. Él me marcó así, con su mirada que sonríe y su sonrisa que cautiva; me doblegó.

«Yo estaba haciendo que dejes tus costumbres con solo jalarte el polo, babeabas cada vez que subía las escaleras más rápido y henchías el pecho cuando decía ‹por favor› y ‹gracias›, porque tú me habías enseñado.

Conmigo corrías por los parques o los mall, quería que me busques entre la ropa de las tiendas, que me cuides en cada juego en el que me divertía; te ‹obligaba› a ‹romper la dieta› con el sándwich o el helado que no podía terminar, ‹¡Ya no quiero, acábatelo!›, te decía, estirando mi bracito. Todo eso lo hice porque me sentía bien contigo, porque me estaba acostumbrando a que estés en mi vida, te había aceptado en ella».

Toda marca nos hace recordar lo que hemos vivido: felicidad o tristeza, alegría o dolor. Yo disfruté a un niño noble, inteligente e incansable, con el que me divertía hasta que se dormía.

181027- MARCAS REGISTRADAS 01.jpg

«Nuestro amor era de hombres. Me gustaba que me despiertes a almohadazos, que me empujes o que me hagas caer sobre la cama; me trepaba por tu espalda hasta el cuello para jugar a que eras mi caballo y me reía cada vez que me bajabas en forma brusca».

Ambos sabíamos cuál era mi lugar en su vida, ambos sabíamos quién era su padre y quién era yo y esa era una cláusula rígida de nuestra relación. Las últimas semanas le decía que yo era su mejor amigo.

«Me confundía, ya no sabía quién eras. Tanta fue nuestra conexión que empezaba a querer parecerme a ti; ‹¡Ponte tus botas!› te ordenaba para que te vistas con tus botines, porque mi mamá me había comprado unos parecidos a los tuyos; o me ponía tus zapatos de casa o quería ‹trabajar en el computador› cuando tú lo hacías (un reproductor de DVD portátil que, según yo, era más grande que tu Mac)».

181027- MARCAS REGISTRADAS 02.jpg

Este año me marcó mucho, porque me atreví a dejar de ser un poco yo. Y, también, el problema radicó justo en eso, en que dejé de ser un poco yo.

«Pero te fuiste. Yo tenía miedo que algún día pase y, a pesar de eso, confié en ti, creí en ti y me abandonaste».

Lo sé; al regresar a Perú te abandoné y te pido perdón, aunque no lo merezca; seguro estarás pensando que fue tu culpa, porque los niños son así; pero somos los adultos los que complicamos todo, nos equivocamos y andamos haciendo daño sin querer, con una palabra o el silencio o una acción o la inacción y esas marcas duelen y no se borran.

¿Sabes qué?, sí eres un ‹niño grande›, como siempre nos lo dijiste y te agradezco por haber sido valiente para expresar tus sentimientos y que me hayas dado, con ello, una lección de vida; me marcaste de forma profunda.

181028- MARCAS REGISTRADAS 08.jpg .jpg

Espero que el ruido, la sangre y el dolor del tatuaje sirvan para impregnar, en el alma, aprendizaje y fuerza y que las marcas bonitas ayuden a recordar y agradecer los buenos momentos, que queden registradas como el amor que vivimos.

190427- CORREO LOGO CO color

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: